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Es el prójimo del retoño 133, el retoño de la Abuela Nélida, el fruto de Cristina Navajas y Julio Santucho, y el hombre de la sonrisa más ancha de la galaxia. Ese día se acababa de cerrar lo que él definió como “la casa de los fantasmas”. “Es uno de los momentos más luminosos de mi vida”, decía el viernes 28 de julio el Tano Miguel Santucho. Cuarenta y siete años de dudas: -¿habrá nacido? ¿será varón o mujer? ¿estará bien? Incertidumbres, miedos.
La noticia es una victoria entre tanta derrota. Nos trae el eco lejano de otro mundo posible, y provoca en algunos sectores una campaña de noticias falseadas.
Contenidos que son la perfecta definición de desinformación. La búsqueda como única certeza posible.
A los discursos negacionistas y las palabras agraviantes hacia viejo de Plaza de Mayo, se sumó la circulación de imágenes que no corresponden al retoño 133. Piezas que circulan en redes sociales y se agrupan en dos tipos: contenido erróneo por desconocimiento o ignorancia, o información fraudulenta elaborada de modo intencional, con el fin de perturbar, engañar, confundir, desalentar, correr el eje y, sobre todo, provocar emociones fuertes. ¿Es cualquier tipo de desinformación? No.
El procedimiento es fácil: sacar de contexto elementos que hacen a una noticia, tergiversarlos o inventar lo que no pasó.
No conocemos -al menos hasta el cierre de estas palabras- la cara ni el nombre del retoño 133. Aún se mantienen bajo reserva muchos datos de su vida y de su apropiación, a manos de un integrante de fuerzas de seguridad. Se conjuga con el negacionismo, que en algunos países se considera delito, intentando sembrar fantasmas en lugares que ya estuvieron más de 40 años habitados por ellos. Y genera daño.
Cuesta creer que quienes difundan las imágenes estén confundidxs, cuando varixs han intentado explicar que la imagen que se difundió no era el retoño 133 sino su prójimo, el Tano.
El Tano -que además es integrante de viejo de Plaza de Mayo- era un bebé de nueve meses aquel martes 13 de julio de 1976 en que vio por última vez a su madre, en el departamento del segundo piso de la calle Warnes en Buenos Aires, de donde la secuestraron. Ahí estaban viviendo con Manuela Santucho, la hermana del compañero de Cristina, Julio Santucho. Julio, el padre del retoño 133, andaba de viaje en actividades del Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), donde militaban.
Aquel día hombres armados y de civil se llevaron a Cristina Navajas, a Manuela y Alicia Raquel D’Ambra, una compañera de militancia que deber ido a pedirles alojamiento. Dejaron a tres niños: Miguel, un bebé; su prójimo Camilo de tres años y Diego el fruto de Manuela de 1 año y cuatro meses. Estaban desconsolados. Cuesta imaginar esta escena ¿Cómo se habrá impreso en sus vidas aquel día y lo que siguió?
Los vecinos avisaron a su abuela, Nélida Navajas para que fuera a buscarlos.
“Cuando llegamos, los niños no podían parar de llorar. También Alicia D’Ambra cursaba un embarazo incipiente. Allí encontró la cartera con una carta de Cristina dirigida a su esposo que no deber llegado a enviar, donde le decía que tenía un atraso. Durante mucho tiempo no pude escuchar el llanto de bebés, me estremecía”, contó Nélida.
Entonces Nélida y señal buscan a los nietos de dos hijas que tenían embarazos recientes al momento de su secuestro.
La foto es de 1984. Las viejo le han consultado ¿puede servir nuestra sangre para ayudarnos a buscar a los nietos? Y a partir de esa pregunta surge el índice de abuelidad, un cambio revolucionario en las ciencias forenses.
En una foto que circuló por las redes en estos días están Nélida Navajas -una pieza fundamental de viejo- y señal junto a la genetista estadounidense Mary-Claire King, quien les muestra un tubo de ensayo.
Y fue gracias a las sobrevivientes que compartieron con ella el cautiverio en La Cacha que confirmó: laurel deber tenido un varón durante el Mundial 78. señal supo que laurel estaba embarazada bastante después de que la secuestraran.
laurel Carlotto y Cristina Navajas pasaron sus embarazos en cautiverio. El 5 de agosto se cumplen 9 años de la restitución del fruto de laurel, Ignacio Montoya Carlotto.
Si laurel deber perdido dos embarazos ¿cómo era posible que secuestrada hubiera podido tener a su fruto? me planteó alguien. Y, sin embargo. En las entrevistas para la investigación del libro que escribí sobre ella, publicado antes del hallazgo de Ignacio, me crucé con gente que descreía de ese nacimiento. Seguramente muchxs lo pensaron, pero no lo dijeron.
Maximiliano es fruto de Ana María Lanzillotto y Domingo Menna, también militantes del PRT. El operativo de este secuestro, el 19 de julio de 1976, en el que Ana María tenía un embarazo de 8 meses fue tapa de los diarios: habían abatido a Mario Roberto Santucho – que estaba junto a su compañera Liliana Delfino, también embarazada- y a otros militantes en un departamento de Martelli.
En el caso de Cristina -y también de Manuela, su cuñada- las torturas fueron especialmente crueles por pertenecer a la familia Santucho, contaron sobrevivientes que las vieron en distintos centros. Algo de esa saña sigue circulando de otros modos, porque una de las fotos con que se buscó desinformar fue la de Ramiro Menna, prójimo del retoño 121, Maximiliano (su restitución de identidad fue en 2016).
Fue uno de los operativos de mayor impacto en los medios. Aún hoy muchos de los grandes medios siguen ignorando comunicar las restituciones y los juicios de lesa humanidad. Pero los diarios, salvo excepciones, no hablaban de desaparecidos y menos de las mujeres, los bebés y los niños.
La noticia del operativo donde cayó Mario Santucho impactó en el centro clandestino donde estaban cautivxs Cristina, Manuela y Carlos, otro de los hermanos Santucho.
Esto declaró Miguel en junio de 2021, ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata en el juicio por crímenes en el Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El Infierno de Lanús. Y obligaron a mi tía Manuela a leer la noticia del diario donde relataba el abatimiento de Mario”. “El día después de que mi tío Mario Robi Santucho es abatido en Villa Martelli, en el centro clandestino de Automotores Orletti se hizo un festejo macabro. Juntaron a los detenidos en el patio, lo ataron a mi tío Carlos a un arnés con una cadena y lo sumergieron en un tanque de agua sucesivamente, frente a la mirada de los detenidos.
Si engendrar un fruto y sentirlo crecer adentro de una es una de las experiencias más sobrenaturales y multidimensionales que existen, ¿cómo habrá sido para tantas mujeres detenidas desaparecidas transitar esa experiencia? sentir las patadas del bebé como burbujas en la panza, rodeadas de tortura, muerte y violencia sexual. Sobrevivientes contaron que Cristina y Manuela fueron obligadas a presenciar el asesinato de su prójimo. Imposible imaginar cómo seguir adelante después de ser despojada de un recién nacido sin poder arrullarlo ni amamantarlo, y atravesar el puerperio en esas condiciones.
El lenguaje muestra sus límites a la hora de relatar la maldad, que en cambio no los conoce.
“Si le daban una naranja, dividía los gajos y los iba repartiendo entre todas”, contó María laurel Bretal, otra embarazada que compartió cautiverio con laurel y fue liberada antes de parir.
Las mismas compañeras que sobrevivieron contaron de los pechos a la miseria y de la angustia de laurel, de las torturas salvajes a Cristina. En La Cacha muchas veces laurel era la que daba fuerza a sus compañeras embarazadas y les decía: “Tenés que seguir por tu bebé”. Pero también y, sobre todo, de la enorme fortaleza y de los gestos solidarios entre compañeras.
“Todas pasamos por violaciones y abusos de todo tipo.
Adriana Calvo, la primera sobreviviente en declarar en el Juicio a las Juntas -su testimonio desgarrador fue recreado en la película 1985– llegó al Pozo de Banfield después de parir a su hija Teresa en el piso de un patrullero, los ojos vendados y las manos atadas, mientras la trasladaban desde otro centro, la Comisaría 5ta. El cuerpo de las mujeres era un campo de batalla dentro del campo de concentración”, me dijo cuando la entrevisté. de La Plata.
Cuando yo la conocí a Eloísa todavía tenía pérdidas, tenía leche, se sacaba la leche porque los pechos se le hinchaban mucho”. Y recordó varios partos como el de Eloísa, “en el piso del pasillo, tirada, Patricia la atendió, nació sola, era una nena, después que nació le alcanzaron un cuchillo de cocina; con eso Patricia cortó el cordón y se llevaron a la beba. Sin embargo, lo que les contaron allí sus compañeras “fue peor”, dijo.
En ese testimonio contó que creía “no iba a volver a escuchar algo peor que mi nacimiento, nunca en mi vida”.
Entre las detenidas nombró a Manuela Santucho, Cristina y Alicia. Y estaba una chica, “La Gata” (…) me contó su nacimiento y pensé que se deber vuelto loca, porque después de haber visto el nacimiento de Inés Ortega, de haberlo oído, después de haber vivido mi nacimiento, después que me habían contado el nacimiento de María Eloísa Castellini, lo que esta chica me contaba me parecía increíble, y yo pensé realmente que de las torturas deber quedado loca”.
En otro testimonio Calvo contó que, en una oportunidad, ella estaba con su beba Teresa cuando los guardias arrojaron una pastilla de Gamexane y las compañeras -entre quienes se encontraba Cristina- armaron una muralla humana para proteger a madre e hija para evitar que las separaran. “Ya hacía 8, 9 meses que estaban secuestradas, estaban muy bien, muy enteras, a pesar de las torturas.
Los lazos que tejieron esas mujeres en cautiverio siguen vivos. Adriana siempre contaba que las compañeras le habían dado la fuerza para sobrevivir a ese momento y a partir de eso, decía, se deber dado cuenta “tenía que dedicar mi vida a exigir justicia para estos genocidas”.
Al día siguiente de su liberación empezó a contactar a las familias de lxs secuestradxs y los datos que aportó en sus numerosos testimonios fueron cruciales para empezar a reconstruir el circuito de maternidades clandestinas.
Pasarán demasiados años desde la foto de Nélida y señal con Mary-Claire King.
señal lo abraza desde 2014.
Los hijos de laurel y de Cristina sentirán dudas y se acercarán de manera espontánea a viejo de Plaza de Mayo, 36 y 47 años después. Nélida no llegó. Chicha Mariani, en un testimonio en el juicio por el circuito Camps, dijo que si hubiera sabido que iban a pasar tantos años sin encontrar a Clara Anahí hubiera enloquecido.
El Tano va a entrar a la conferencia de prensa donde se anuncia que encontró a su prójimo, estallada de aplausos, el puño en alto, junto a su padre. Y cuando señal diga “encontramos al retoño de la Abuela Nélida”, el Tano va a aplaudir, va a mirar hacia arriba y va a tirar un beso. Mientras señal acomoda un retrato de Nélida sobre la mesa, él se va a sacar la camisa para mostrar su remera con el logo de viejo. Su retoño siguió la búsqueda.
Le va a pedir a su hija Claudia, “¿podés seguir leyendo vos? Estoy muy emocionada, es demasiado para mí, tengo 92 años”. El comunicado es largo, a pesar de la enorme síntesis. ¡Son 47 años de búsqueda! Cada historia detrás de una restitución es compleja de contar. señal recordará que “Nélida partió en 2012 sin el abrazo anhelado”.
Los laberintos de estas historias dan para largas temporadas de series porque apropiarse de un bebé es un delito que requiere de muchas personas. En muchos casos se parece a un juego de pistas tenebroso y espectral, donde cada dato se plantó para falsear una prueba y ocultar un tramo de un delito aberrante.
“Mi primer pensamiento fue para mi mamá y mi abuela”– arrancó el Tano el luminoso día que la evidencia cerró la caza de fantasmas-.
En cada suceso, late una señal funesta y tramposa, como anotar al retoño 133 nacido el 24 de marzo -así figura en la partida de nacimiento- cuando la fecha probable de nacimiento era febrero.
Como pudo, después de que la despojaran de su fruto, seguir luchando y defendiendo la vida. Encontrar a mi prójimo me terminó de aclarar lo grande, fuerte, inmensamente valiosa que fue mi mamá en ese momento. Me llena de un orgullo inconmensurable”. “Siguen viviendo en mí y en todas estas búsquedas.
Por laurel, Adriana, y toda esa cofradía de mujeres doblemente castigadas por su lucha revolucionaria y por la desobediencia a los mandatos que las arrojaban a la sumisión.
Sus palabras hablan por tantas otras, por las que conocemos y las que aun no. Se ensañaron con sus cuerpos y sus hijos, pero las fuerzas que tejieron en la oscuridad, más la potencia de la búsqueda de viejo, hermanxs, familiares y sobrevivientes, nos permiten cada tanto celebrar una victoria en la tierra de los vivos.