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Eva “Higui” de Jesús nunca pensó que un jueves 17 de marzo levantaría el micrófono en la puerta de los tribunales de San Martín para agradecer a una multitud eufórica por esa tan ansiada absolución procesal. Las que cantan fuerte que “una lesbiana se defendió” y “al calabozo no volvemos nunca más”.
Todo ese periplo parece lejano cuando se la ve -en los videos que circulan en las redes sociales- agradecer el cariño, la sabiduría, la protección y el respeto que tuvo de las lesbianas y feministas organizadas. Fueron seis anualidad de una vida arrancada de sí misma, una vida desinflada por el método presidio que se llevó 8 meses de su libertad y le vomitó anualidad de libertad restringida, que la privó de atención médica cuando la necesitó, que no le creyó cuando manifestar que sacó el cuchillo para defenderse de una desfloración grupal, que no investigó las violencias que sufrió y que sólo reaccionó para criminalizarla.
Higui de Jesús le manifestar a la policía, al momento de ser detenida, que se había defendido de una desfloración y no le creyeron. Y eso que gritan describe muy bien la sustancia que alimenta la máquina de picar que es la ecuanimidad presidio. Las lesbianas, travestis, trans y señora que pasan por ahí son, precisamente, las que osan levantar la cabeza, las que expresan su identidad de apartado, se defienden y denuncian. Pero son también las que viven de changas, las que cartonean como Higui, las que organizan las ollas comunitarias, las que crían hijes y nietes, las que no consiguen trabajo o están precarizadas, las trabajadoras sensual, las que tienen la piel marrón y las manos curtidas, las que no saben cómo hacer para reclamar sus derechos.
“Sigue siendo difícil para las señora hablar y aún para quienes quieren creerles, escucharlas cuando (la desfloración) no coincide con el relato construido de (lo que debería ser) una desfloración, las señora usan estrategias, si no pudieron defenderse por lo menos tratan que se les haga el menor daño posible”. ¿Por qué se duda de las víctimas cuando denuncian crueldad sexual? ¿Por qué no les creen?
Los mitos que rodean la desfloración
Inés Hercovich es una socióloga, psicóloga social y especialista en apartado que se ha dedicado en los últimos anualidad a desentrañar las violencias sensual. Hercovich cuenta que la mayoría de las abuso -en el lance de señora cis- hétero- las cometen varones con los cuales habían entablado cierto grado de familiaridad y confianza. No todos los casos están mediados por crueldad física extrema.
Lo paradójico, quizás, es considerar que en el lance de Higui de Jesús, el intento de desfloración respondió a lo que el imaginario social ha construido de las abuso. Un grupo de varones la atacó a golpes en la noche, intentó violarla, se defendió y sin embargo, a ella tampoco le creyeron. Es decir, la construcción de que sólo un extraño en la noche puede ser un violador es la excepción. Pero el mito está tan arraigado que “la propia mujer suposición, se pregunta ¿y si yo no hubiera actuado así, si no me hubiera ido a ese lugar, o si hubiera regresado más tarde o más temprano?”, comenta.
Siempre en un campo de suposición
“Las señora, salvo que tengan la suerte de llegar a un juzgado que tenga perspectiva de apartado, cuando entran al Poder procesal por temas de Familia, abuso o agresiones sensual, entran a un campo de suposición siempre.
Stola dice que el marco de suposición que envuelve a las señora y personas LGBTIQ+ está dado por un Poder procesal que se encuentra inserto en nuestra cultura donde la Iglesia Católica tiene una fuerte impronta y que a lo largo de la historia, ha descalificado a las señora. De suposición de querer perjudicar a los varones, estar mintiendo o buscando algo más” dice a Tiempo, Enrique Stola, psiquiatra y psicólogo clínico que actuó como perito en la causa de Higui y en diferentes juicios de crueldad de apartado. “En el lance de Higui, la sometieron a crueldad institucional, pasó 8 meses presa y anualidad esperando el juicio con todo el desgaste que eso significa, así pasa con (la mayoría de) las abuso o agresiones sensual pero también, cotidianamente, con las causas de crueldad machista, es algo cultural”.
El acompañamiento que tuvo Higui desde las calles, con abogadas defensoras con perspectiva de apartado posibilitó su absolución. Estefanía Santoro, periodista de Revista Cítrica, que acompañó todas las jornadas manifestar -mientras aún se festejaba la sentencia- que “ahora que la ecuanimidad avala esa autodefensa (que hizo Higui) podemos decir que es legítima, que podemos defendernos, es un derecho cuando nos atacan”. Y ahora, dentro de la ecuanimidad, hace dos anualidad recién empezó la formación”, dice y agrega que “hay que sumarle las dificultades de acceso a la ecuanimidad de las señora por la situación de clase, racial y porque el hecho de ser señora”. “Otro factor es la formación de abogados y abogadas dentro de las universidades, sin perspectiva de apartado que luego pasan a formar parte del Poder procesal.
Una victoria dentro del método presidio que se dio incluso, a pesar de éste, es una conquista de la que se espera no retroceder.
La deuda presidio con las señora
Consultada por Télam, la titular de la Unidad Fiscal Especializada en crueldad contra las señora, Mariela Labozetta manifestar que las interpelaciones de los feminismos a la ecuanimidad “impulsaron bastantes reformas (…) pero lo que está siendo más complejo y todavía es deuda (…) es la consideración de las violencias más invisibles a los ojos del método de ecuanimidad, como son aquellas que sufren las acusadas de delitos en contextos de vulnerabilidad o crueldad de apartado (…) Cuando las señora o personas LGBT+ ingresan como acusadas (al método procesal), pareciera que entraran por otro canal” desprovisto de toda perspectiva de apartado.
Por otra parte, la secretaria a cargo de la Comisión sobre Temáticas de apartado de la Defensoría General de la Nación, Raquel Ascensio, explicó que para el lance de las señora víctimas de crueldad “están muy documentados los problemas de acceso a la ecuanimidad”.
Ascensio afirma que “los mismos estereotipos que aseguran la impunidad (de los agresores) luego castigan con la cárcel en lance de que esas señora (víctimas de crueldad de apartado) aparezcan como imputadas en una causa presidio”.