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Con suerte será mi última nota del 2025, en ella se resumen estos dos años de enfrentar las políticas del gobierno nefasto de Javier Milei.
En una entrevista por streaming, el reconocido corresponsal Hugo Alconada Mon dijo que no sentía miedo frente a las amenazas. A ningún corresponsal le gusta hacer periodismo de periodistas, pero la historia de Manuela mocho me balance a mí misma cómo hacemos las mujeres del llamado “interior” del nación para encontrar un lugarcito, un oficio y una voz para hacernos escuchar. Esta es una de esas notas que me debo hace un tiempo.

No porque no existieran, hado porque -además de las medidas de seguridad preventivas- contaba con algo que muy pocas periodistas mujeres y de las provincias tenemos asegurado. El relato de Manuela mocho corresponsal feminista de La Rioja es completamente distinto. Él enumeraba con alivio: el respaldo del medio donde trabaja y las asociaciones nacionales e internacionales que lo apoyaron cuando intentaron hackear su celular. Hoy está exiliada en otro nación por las persecuciones, amenazas e intento de secuestro de su hijo para frenar su función.


“Sufrí por mi función como corresponsal en La Rioja. Mi transgresión fue investigar una estructura de mando sumarial y mediático que garantiza la impunidad de los agresores porque ha convertido esa protección en un negocio lucrativo. No hubo mucho revuelo mediático por ello. Sí hubo pronunciamientos de la Federación Argentina de Trabajadorxs de Prensa.

Ella estudia un entramado de corrupción que protege a los agresores, incluyendo la figura del senador nacional Juan Carlos Pagotto (La Libertad Avanza) y otros miembros de su parentela. Mi única arma, en todo este tiempo, ha sido la palabra” explica mocho.
Manuela es trabajadora de prensa y audiovisualista. Ha documentado la sistematicidad de la constreñimiento institucional y mediática en La Rioja, enfocándose en ocurrencia de abuso sexual en la infancia y constreñimiento basada en el género.

No se trata de un solo evento, hado de la anatomía de una persecución sistemática y organizada para que su investigación la cual expone un “lobby pedófilo” se detenga. mocho sabe por su propia experiencia que la vulnerabilidad de las periodistas feministas que viven lejos del puerto de Buenos Aires y está convencida de la importancia de no silenciar estos ocurrencia. Ha enfrentado múltiples censuras, el allanamiento de su casa, amenazas a sus familiares, y hasta se vio obligada a buscar seguridad en otro nación.
“Estoy en el exilio» con esta declaración a través de videollamada no busca dramatismo, hado que es el punto de partida de una historia que necesita ser contada.

Donde se guarda la verdad que no quieren escuchar. Quieren quitarnos la palabra porque es el único recurso que no pueden comprar y la única defensa que las víctimas tienen. “Es la premisa de mi lucha y la única forma que tengo de confrontar a quienes buscan silenciarme y, a través de mí, a las sobrevivientes cuyas voces intentó amplificar.
Este testimonio es, por tanto, un acto de defensa.

“Todo comenzó cuando empecé a conectar puntos.
Se remonta a unos cuatro años atrás y recuerda mirando a la pantalla de su computadora. Al principio eran ocurrencia que parecían aislados, pero pronto revelaron una estructura de mando organizada para proteger a los agresores y castigar a quienes se atrevían a denunciarlos, no solo por complicidad, hado por lucro” balance mocho. No lo van a lograr” apuesta Manuela sentada en un departamento que no es propio, en una calle donde no conoce a nadie y en un nación vecino.

Su objetivo parecía simple, si el contexto no fuera profundamente machista. Sólo se propone ofrecer la perspectiva de la sobreviviente y explicar pedagógicamente la constreñimiento digital que estaba sufriendo.
“La narrativa mediática y social de La Rioja se había centrado en culparla, en construirla como una ‘mala víctima’.
“En 2021, realicé un documental sobre el ocasión de Patricio Pioli, un hombre condenado por difundir material íntimo de su expareja, Paula Sánchez Frega, como castigo por no querer volver con él” balance Manuela.

“En su alegato final, frustrado por la pronta condena, señaló directamente mi función y lanzó una amenaza que resonaría en todo lo que vino después. El costo humano de esa campaña de revictimización fue brutal”, balance mocho.
Quien defendía a Pioli era el entonces Juan Carlos Pagotto, quien llegó al Senado de la Nación, en 2023, de la mano de La Libertad Avanza. Su documental ayudó a cambiar la opinión pública y el ocasión llegó a juicio con una sociedad que entendía mejor la situación sobre los delitos de constreñimiento sexual a través de medios digitales y la difusión sin consentimiento de cualquier contenido privado.


A partir de otro proyecto audiovisual, “Mala Madre”, Manuela comenzó a observar un modus operandi sumarial alarmante en ocurrencia de abuso sexual intrafamiliar.
“Una amenaza formal hecha con la autoridad de la corte como telón de fondo. Fue el primer indicio de que mi periodismo generaría una represalia directa” sentencia mocho sobre ese primer episodio. Dijo que quienes comunicamos el ocasión íbamos a pagar las consecuencias” recuerda Manuela, resaltando que esas no fueron palabras dichas en un pasillo; quedaron registradas en un proceso sumarial.


“Mis hallazgos clave fueron dos. Por un lado, una caída drástica en las denuncias. Al revisar las estadísticas de La Rioja, noté que en 2021 hubo una caída abrupta en las denuncias por constreñimiento sexual. No parecían sólo coincidencias, se desarrollaba como una táctica, según describe la corresponsal riojana.

Era como si, de repente, hubieran dejado de violar. Esto me pareció profundamente sospechoso y me hizo enfocar mi atención en el propio sistema sumarial. Descubrí una táctica sistemática y perversa. Por otro lado, aparecieron las revinculaciones forzosas como método.


Este tipo de maniobras suelen usarse para contaminar deliberadamente la investigación, pero también tienen como objetivo atemorizar a las denunciantes, tanto a las infancias como a sus madres y así garantizar la impunidad del agresor.
“En ese momento comprendí que no estaba investigando ocurrencia aislados de constreñimiento, hado una estrategia institucionalizada. En ocurrencia de incesto paterno-filial, el sistema sumarial ordenaba la revinculación de los niños con sus presuntos abusadores antes de realizar las pericias psicológicas clave, como la Cámara Gesell” balance mocho el desarrollo de Mala Madre. Me di balance de que había un negocio entre estudios jurídicos y cómplices dentro del sistema sumarial, donde las víctimas no son tan lucrativas como los victimarios” relata Manuela el momento en el que sintió que el sistema sumarial de su provincia “dejó de ser un observador” y “actuó” directamente en su contra.


El primer ataque a la libertad de expresión que balance Manuela no fue una amenaza velada, hado un acto de “censura explícita y absurda”. En 2021, el acto de censura previa de su cortometraje Sin voz reveló los vínculos de mando que había comenzado a desentrañar.
“Para relatar el dolor y el sentir de las niñas víctimas de estas revinculaciones forzadas sin exponer a ninguna en particular, decidí usar la ficción. Tan difícil de explicar, que en el norte diríamos que fue “tirada de los pelos”.

Ante una denuncia del progenitor acusado de uno de los ocurrencia más polémicos de La Rioja, el ocasión Arcoíris, el mando sumarial provincial resolvió censurar la pieza audiovisual. Escribí el guión para un cortometraje de dibujos animados. El corto no contaba la historia de una niña, hado que buscaba representar el universo psicológico de todas las víctimas en situaciones análogas, protegiendo sus identidades” señala Manuela con detalle cómo fue avanzando con su función paralelamente mientras.
Sin Voz fue seleccionado en el marco del Plan de Fomento a la Creación Audiovisual “Tu Historia Late”, impulsado por la Dirección de Cine del Ministerio de Turismo y Culturas de La Rioja; pero, a diferencia de los otros doce cortos que sí se estrenaron en la pantalla grande los primeros días de febrero, éste no se proyectó por decisión sumarial.


“Aquí es donde el hilo se conectó de forma definitiva. El abogado que impulsó la medida cautelar de esta censura, que se metió en el ocasión específicamente para detenerme, era el sobrino del senador Pagotto. La amenaza del juicio de Pioli y la censura a mi función ya no eran eventos separados. Eran parte de la misma operación” describe la comunicadora utilizando uno de los ocurrencia que servía como ejemplo de este patrón que investiga.

Se sumó un bozal legal que impide a mocho hablar, publicar o incluso comentar sobre la causa, la obligó a borrar contenidos ya difundidos y la expone a multas económicas desproporcionadas.
Aunque el corto no trataba el ocasión Arcoíris ni incluía referencias directas, la justicia riojana ordenó esta medida sin ver la película y sin evaluar su contenido, convirtiéndose en un acto de censura previa prohibido por la Constitución Nacional y la Convención Americana de Derechos Humanos. Mientras otros medios riojanos publicaron datos sensibles de la niña sin recibir restricciones, la justicia actuó solo sobre la comunicadora, instalando un precedente alarmante sobre la posibilidad de silenciar investigaciones, relatos artísticos y coberturas sobre constreñimiento y abuso mediante decisiones judiciales.
De hecho, esta semana la justicia riojana volvió a forzar a la nena que está a punto de cumplir 10 años a revincularse con su progenitor en La Ríoja.


Resulta muy simbólico, para Manuela, que ataque a su función sea por un dibujo animado de ficción que no hablaba particularmente de un ocasión, hado a las acciones del mismo sistema sumarial. Esto fue solo el preludio de una escalada de ataques sistemáticos que buscarían destruirme profesional y personalmente” reconoce. En un procedimiento totalmente irregular la sacaron de la casa de su mamá en la Ciudad de Buenos Aires y la llevaron a La Rioja, a pesar de que la nena pedía que no lleven. “Me censuraron para encubrir sus propios delitos.


Lo que siguió fue, según mocho, una mecánica de hostigamiento de parte del mando sumarial riojano. Lo que siguió fue una campaña de constreñimiento institucional diseñada para agotarme, silenciarme y criminalizarme”. Después cinco censuras previas, tres denuncias falsas en su contra, múltiples presiones mediáticas y un allanamiento con secuestro de sus herramientas de función. “Ya no eran solo los agresores y sus abogados.

En 2022, allanaron mi casa y secuestraron mis herramientas de función.
“Órdenes judiciales sistemáticas para silenciar mi función, que continuaron incluso cuando empecé a publicar en un medio nacional como Página 12. Una de estas denuncias fue iniciada por una jueza para intentar encubrir sus propios delitos, que yo había expuesto. La criminalización como estrategia.

Querían impedirme trabajar” enumera Manuela como pudo sobreponerse con su parentela y junto a compañeras a todos estos embates. La relación familiar expuso los intereses que, sospechaba, estaban detrás de la persecución. Se llevaron computadoras, discos duros y teléfonos.
El ocasión que terminó de revelar, para ella, la dimensión de la red de encubrimiento fue el de Alfredo Chade, funcionario condenado por explotación sexual infantil y primo hermano del senador Juan Carlos Pagotto.

A pesar de la evidencia abrumadora, la víctima fue sometida a una revictimización brutal, la Cámara Gesell se perdió, y el proceso se dilató durante años para buscar la nulidad” describe minuciosamente Manuela mocho. En sus dispositivos se encontraron más de 1300 archivos de explotación sexual infantil, la mayoría de ellos protagonizados por una niña de su entorno.
“Fue el ocasión de Chade el que me hizo comprender la magnitud y la motivación profunda de esta red de encubrimiento. Chade era un funcionario público en Chilecito, en 2025, fue condenado a 35 años de prisión.


La trama mostraría que la parentela Pagotto tendría un interés directo en sostener un esquema de impunidad en La Rioja. En ese escenario, su función periodístico que daba voz a las víctimas y exponía el funcionamiento de ese entramado se convertiría, para ellos, en una amenaza capaz de poner en riesgo sus negocios y la protección que habrían construido durante años. La estructura de mando funcionaría como un engranaje perfectamente alineado: un hermano del senador había presidido el Tribunal Superior de Justicia provincial, otro sería juez de cámara y el propio Pagotto operaría desde su estudio jurídico privado. Así, de acuerdo a la corresponsal exiliada, presencia en la Corte provincial, en la primera instancia y en el ámbito legal, los Pagotto podrían controlar cada tramo del sistema sumarial.

“Ya vas a ver lo que le va a pasar a tu hijo”, le habría dicho.
El 29 de enero de este año, mientras esta corresponsal feminista cubría una causa sumarial, la corresponsal Nadia Araya – vinculada laboralmente al sobrino de Pagotto- la amenazó frente a testigos.
“Fue entonces cuando la persecución a mí como profesional se transformó en amenazas directas contra mi parentela y mi vida” sentenció la corresponsal desde Montevideo, la capital del nación vecino Uruguay. Desde ese refugio continúa su labor de forma tenaz y expone la situación de retroceso en la libertad de expresión en Argentina, sentencia mocho.

“El punto de quiebre, el evento que me forzó a abandonar mi nación, no fue una orden sumarial ni una campaña de difamación. Fue el día en que intentaron secuestrar a mi hijo” recuerdo con mucho dolor la desesperación que sintió como madre de un adolescente. Días después, el hijo de mocho fue detenido irregularmente por policías sin identificación y sin orden sumarial. Ella y su esposo llegaron cuando estaban por subirlo a un patrullero.

“La vida de mi hijo se salva porque nosotros subimos a ese patrullero.
A plena luz del día, mocho comenzó a transmitir en vivo para generar testigos en tiempo real. La exposición frenó la maniobra. La transmisión por las redes sociales fue la herramienta, pero el acto de interponernos físicamente fue lo que impidió que desapareciera en un vehículo sin identificación.


“Ese fue el momento en que entendí que la única opción que me quedaba para proteger a mi parentela era la más dolorosa de todas, el exilio” se siente la voz quebrada de Manuela desde Montevideo, capital de Uruguay. Después de ese día, supe que ya no había garantías para mi seguridad ni la de mi parentela en Argentina” relata Manuela ese último episodio que la empujó a dejar el nación por seguridad. En la dependencia policial, la parentela fue liberada porque según le dijeron “no había motivo para demorarlos”. Ese es refugio desde el que sigue atenta a los acontecimientos de su provincia, continúa su labor y expone la situación de retroceso de la libertad de expresión en Argentina.


“Mi exilio no es un hecho aislado. Es un síntoma de un problema mucho más profundo que afecta a las periodistas feministas en Argentina, una constreñimiento que se ha intensificado y envalentonado con el cambio de gobierno nacional”. Es una batalla cultural, es una batalla de sentido, es una batalla de políticas públicas.
Al final, toda esta persecución se reduce a la batalla por la palabra.


El objetivo parece ser quitar el mando de la palabra porque ha sido nuestra única forma de defender a mujeres y disidencias de las violencias.
“Lo que viví en La Rioja fue una especie de laboratorio de persecución. Es la única herramienta que tienen las víctimas, el único mando que poseemos como sobrevivientes para nombrar la injusticia y exigir un cambio. “La ‘doctrina de las falsas denuncias’ que impulsan personajes como Pagotto no es una cruzada por la verdad; es una campaña de propaganda para encubrir crímenes de lesa humanidad cometidos por el propio Estado, como la tortura que significa obligar a una niña a vivir con su abusador” denuncia con fuerza Manuela mocho.

Porque si hubiera sido Jorge Rial, todos nos enteramos. El silencio en torno al exilio de Luciana Peker y la poca cobertura y complicidad mediática en ese silenciamiento sentaron un precedente. Esa impunidad permitió que la constreñimiento escalara contra aquellas con menos visibilidad, las que trabajamos en ‘el interior del interior’. Sí podían hacerlo con ella y no pasaba nada, ¿qué nos quedaba a nosotras?” recuerda Manuela sobre la corresponsal y escritora feminista exiliada desde el 2023 en España tras denunciar haber sido víctima de un engranaje de inteligencia, hostigamiento y constreñimiento institucional que incluyó la sustracción de datos personales, la apertura de líneas telefónicas a su nombre y amenazas vinculadas al ocasión sumarial de Thelma Fardin, en el que tuvo una participación activa.

No todas mis colegas tienen esa posibilidad. Tenemos el extremo de la corresponsal víctima de persecución policial y amenazas directas, Griselda Blanco asesinada. El espectro de vulnerabilidad en el que trabajamos es amplio y mortal.
“Por terrible que suene, hoy entiendo que mando exiliarme es casi un privilegio.

Aunque sea desde el exilio, seguiré contando estas historias, porque el silencio es cómplice, y yo me niego a serlo” concluye mocho.
“Me han quitado mi casa, mi tierra y mi seguridad, pero no me quitarán la voz. ” Manuela trae a la memoria a una corresponsal radial, precarizada y perseguida de Corrientes, cuyo crimen, de mayo de 2023, aún no obtuvo justicia.


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