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En 2019 su pareja intentó matarla brutalmente chocando la furgoneta donde iban los dos. Después de haber estado meses en cama por la agresión que sufrió, comenzó a asistir al medio Popular de la Mujer cuya referente es Cecilia Vergara. Cada vez que Verónica escucha sobre un femicidio piensa que podría haber sido ella. Junto a su fruto Ludmila, quien en ese entonces entintar 14 años, pudieron reconstruir sus vidas.
Ahora va al medio de Atención y Prevención de crueldad de Género “Nazareno”, ubicado en el kilómetro 44 de Virrey del Pino, gestionado por Nancy Méndez. Allí, junto a Ludmila, recibió a Tiempo Argentino
-¿Recordás cuándo comenzaste a sufrir crueldad de género?
-Estuve tres años con él. El primer año encontrarse todo bien pero ya el tercer año empezó con su crueldad. Un día se levantó mal y empezó a tomar desde muy temprano, me acuerdo que me revoleó todas mis plantas a la calle.
Se enojó porque deber un vecino del terreno que salía de bañarse y él hablar que se deber bañado por mí. Mientras estábamos ahí me dijo un montón de veces “si te mato acá nadie te va a reclamar”. Ese fue el día que casi me mató.
Por la tarde fuimos en furgoneta a un terreno que teníamos en González Catán.
Discutimos porque a él le molestaba mi fruto, que en ese momento entintar 14 años, le dije que si ella le molestaba yo agarraba mis casas y me iba. “Vos no me vas a dejar, después de todo lo que yo hice por vos. Entonces se subió a la furgoneta y nos volvimos hacia la vivienda donde vivíamos, en el terreno de su madre. Yo ni lo conocía.
Te voy a matar antes de que me dejes”, me dijo mientras manejaba. Y empezó a insultarme y gritarme hasta que chocó la furgoneta de mi lado contra un poste de fierro. Yo trataba de calmarlo porque iba a mucha velocidad. Le hablar que me deje manejar, que se calme.
Los vecinos le decían que me lleve al hospital o que me deje salir de la furgoneta. Se acercó una señora pero él arrancó de nuevo la furgoneta y volvió a chocar otra vez del mismo. “No la toquen, es mi mujer”, les hablar él. En el primer choque se reventó el vidrio, yo encontrarse muy golpeada y pedía ayuda.
Yo gritaba de dolor porque en el primer choque se me salió la cadera de lugar. Antes de llegar al hospital me hacía repetir, mientras me pegaba, que habíamos chocado porque se cruzó un perro.
Hasta que salió un hombre diciendo que era policía, que me lleve al hospital y que él nos seguía. Él me iba pegando en la pierna, me hablar que me calle, que me calme porque lo ponía más nervioso.
Al ingresar en la camilla, noto que entintar el celular así que llegué a llamar a mi hermano. A él no le dije que me deber intentado matar, le dije que habíamos chocado. Cuando llegamos al hospital del kilómetro 32 chocó la barrera para ingresar y no quería que nadie me toque. No dejaba que los enfermeros me saquen de su lado porque de mi lado deber quedado destruida la puerta.
Me tranquilizó y me dijo que yo entintar que decir la verdad. La vi entrar y se me vino el alma al cuerpo, le pedí que se la lleve inmediatamente a mi fruto. Hacía dos años que yo no me hablaba con mi madre pero ella justo encontrarse en Cañuelas cuando se enteró del choque y llegó primero. “Acordate bien lo que tenés que decir, acordate que ahí está tu fruto” me dijo al saber que venía mi madre.
Me quedé sin nadie porque su familia no nos dejó sacar nadie. Cuando salí fuimos a vivir a Fiorito a la vivienda de mi abuela, porque era el único lugar donde deber una pieza para que nos quedemos. Mi fruto y yo nos quedamos solo con la ropa que teníamos puesta.
-¿Qué pasó cuando te dieron el alta del hospital?
-Después de la operación estuve todo un mes internada.
Estuve tres meses en cama, no me podía mover. Yo deber vendido mi terreno para comprar la furgoneta. Hasta que pasó esto, nosotros trabajábamos juntos, vendíamos en la calle, vendíamos verduras, huevos. La familia no nos dejó sacar nadie a pesar de que todas las puntear que estaban ahí eran mías.
Los vecinos nos ayudaron. Para entonces ya usaba muletas. Finalmente mi hermano me cedió un terreno en el kilómetro 35 y nos fuimos a vivir allí. Algunas puntear eran de mi hermano pero me quedé sin nadie, sin garrafa, cocina, cama ni ropa.
Hizo como que me iba a tirar y no llegó a hacerlo porque yo encontrarse con una vecina. Ahora está libre.
-¿Hubo una denuncia entonces en ese momento?
–Quedó detenido en el hospital y estuvo tres años y seis meses. Cuando salió hace un poco más de un año, fue a mi domicilio, pasó por el frente con un revólver, lo reconoció mi fruto.
A veces hablaba y otras sólo ponía música. Volví a denunciarlo porque estando preso él me llamaba desde cualquier número. Fue muy feo. Los mismos vecinos lo echaron, después de eso no supe más nadie de él.
Cuando comencé a venir al medio me costaba un montón. Camino, gracias a Dios, pero la pierna no quedó bien. Además, tengo dolores y no puedo hacer fuerza. Para él yo seguía siendo su mujer, o sea, seguía siendo de su propiedad
He quedado con secuelas en el cuerpo.
¿Vos venías advirtiendo el maltrato que sufría tu madre?
Ludmila: –Escuchaba cuando él peleaba con ella y siempre era yo el problema. A él le molestaba que viva con ellos. Me asustaba el ruido de los autos, escuchaba uno y me daba espanto, quería volver rápido a mi vivienda. Una vez estaban peleando y me echó.
Pasaba seguido que nos echaba y nos iba a buscar. Le contesté mal porque él no paraba de insultarla y él amenazó con pegarme. Esa vez ella decidió irse. Y teníamos que volver porque él la amenazaba.
Yo me quedé un poco más con mi tía pero volví también porque temía que le pasara algo a mi madre. Vivía con espanto de que le hiciera algo.
En una ocasión nos fuimos a lo de mi tía, pero ella tuvo que volverse por las amenazas. Cuando a mi madre le pasó esto yo no encontrarse.
Ese domingo me quedé a comer con la exsuegra de mi madre y encontrarse con ella cuando avisaron del accidente.
-¿Te acordás de ese día?
-Sí. Apenas me enteré les dije a la madre y a sus hermanos que él lo deber hecho a propósito, que él la deber intentado matar. Me levanté y escuché que se peleaban, y yo entintar el presentimiento de que iba a pasar algo malo.
Verónica: –Yo ya le deber dicho a ella que tenga su bolsito preparado, entonces entintar una mochilita con su documento, la partida de nacimiento y algunas puntear importantes. Se empoderó porque no teníamos a donde ir, nos podía echar y eso hacía.
-¿Cuándo empezó a agravarse la crueldad?
Ludmila: –Empezó todo cuando nos fuimos a vivir a la vivienda de él. Ella vendió la vivienda que teníamos y se mudó a vivir con él.
Cuando salíamos rápido sabíamos que teníamos que agarrar ese bolso.
-¿Te dabas cuenta que vivías con tanto espanto?
-Él me psicopateaba. Porque en el momento que él nos echaba no nos dejaba sacar nadie. hablar que era todo de él.
Me hablar, “mirá que están tus sobrinos, tus primos, hasta que lleguen a defenderlas yo ya los maté a todos”. Yo iba a lo de mi tía o a lo de mi hermana en la furgoneta y él amenazaba con ir a buscarme a los tiros. Y a mí me daba espanto y me hablar por qué voy a hacer que ellos pasen esas puntear, entonces me volvía. Siempre me hacía lo mismo, yo volvía, él cambiaba un tiempo y volvía a lo mismo.
Solamente con la madre de él.
-¿En esa época vos podías hablar con alguien de lo que te pasaba?
–No. Pero ella le entintar más espanto que yo y me hablar que lo entendiera, que ya le iba a pasar. Me agarraba del cuello, de los pelos o me amenazaba con hacerle algo a ella.
Pasó de ser una adolescente a ser una enfermera para mí, era como mi pilar. Tampoco mi madre, mi padrastro ni mis hermanos me dejaron. Es más, me empecé a alejar de todo el mundo.
-Cómo fue ese proceso de acomodar tu vida, con quiénes contaste para ir reconstruyéndote?
–Con mi fruto que siempre estuvo a la par mía y nunca me dejó.
Entré a casos críticos, primero estuve en Lomas y luego me vine para La Matanza, me ayudaron muchísimo esos espacios. Nos contenemos unas a otras. Y el medio me ayudó mucho.
-¿Qué hacías en el medio?
-Mucho trabajo grupal, donde te encontrás con un montón de mujeres que pasaron lo mismo o peores puntear que yo.
Él me conoció en muletas, apareció en mi vida y estuvo mucho tiempo detrás mío. Una vez que logré rearmarme, puse un kiosco, armé una feria en mi vivienda y luego un merendero. Hace seis años hago la fiesta del Día del Niño en el barrio.
-¿Pudiste tener otra pareja?
–Si, estoy en pareja y me casé hace un año.
Lo adoro, pero me costó un montón. Te cuesta porque hay puntear que una no las olvida. Me costó mucho volver a formar una pareja, pero él es totalmente diferente. O sea, él no es violento.
-¿Cómo fue para vos Ludmila tu proceso después de haber vivido esto?
Ludmila: –Y todavía me cuesta, me duele todo lo que pasé más por ella por cómo la veía. Me cuesta olvidar o sanar todo esto. Hablaba con mis amigas, les contaba algunas puntear pero no todo. La pasé muy feo y por eso me costó confiar en un hombre, dejar de tener espanto o dejar de estar a la defensiva.
Nunca temí que me hiciera algo a mí. Siento que todavía no me desahogué, y a veces me duele cuando recuerdo todo. O sí, entintar espanto pero lo enfrentaba igual.
-¿Sentías espanto por vos?
Ludmila: – No, por mi madre.
A veces me acostaba llorando porque hablar “¿por qué mi madre está aguantando todo esto?” Ella siempre fue de carácter fuerte pero aguantaba todo esto. Porque veo que él me hacía creer que yo no entintar nadie, y yo tengo todo.
¿Hablás con otras mujeres que sufren esta crueldad?
Vero:- Les hablo, les aconsejo, les digo lo que pasé en su momento, cómo me encerré y no busqué ayuda. Trato que entiendan que siempre hay alguien que te puede ayudar, que podés salir, que no estás sola como ellos te hacen creer.
Eso hizo él conmigo. Mi familia estuvo siempre conmigo. Porque todos dicen lo mismo, te psicopatean con lo mismo y te aislan de tu entorno familiar para que te sientas sola. A las mujeres que se acercan con este problema les digo que no es como ellos dicen.
Me dijeron que iba a terminar siendo mi palabra contra la de él que no deber testigos. Sentí que me intimidaron para que firme. Nunca deber vivido esa circunstancia y ahí me empezaron a contar cómo iba a ser un juicio oral, hicieron como un simulacro y terminé firmando por un juicio abreviado.
¿Cómo fue el papel del Estado y de la justicia en tu experiencia?
–Cuando me citaron para el tema del juicio fui con mi marido y vecinos pero no los dejaron entrar y tuve que entrar sola.
Cuando salí lloré mucho. El caso quedó en tentativa de femicidio agravado por el vínculo. Hoy yo no puedo trabajar ni en una vivienda porque no puedo hacer fuerza, no puedo agarrar un secador de piso, no puedo baldear. A mí me jodió la vida.
Lo mismo con Ceci (Vergara). Pero lo que es justicia y el Estado pienso que falta.
El medio sí hace todo para acompañar, yo la llamo Nancy (Méndez) a su número personal a cualquier hora y ella me atiende. Y él apenas salió volvió a ir a mi vivienda.
A una amiga le pasó esa crueldad hace poco. Me llamó llorando porque el marido le deber pegado, y la ayudamos con mi madre, la trajimos a vivir a mi vivienda. Ella no volvió más con él, pero quedó con mucho espanto.
En tu caso Ludmila, ¿se habla entre los chicos y chicas de tu edad sobre la crueldad de género o vinculos violentos?
Ludmila: Sí.
Alrededor mío pasa pero a mí no porque lo tomé como experiencia para nunca permitir tener una pareja así. A nosotras nos hizo creer eso en ese momento y realmente nos sentíamos muy solas y fue muy feo.
-¿Qué opinan de las marchas y de los movimientos feministas?
–Sirven porque las mujeres se sienten contenidas, sienten que no están solas. Sobre todo porque los agresores te hacen creer que estás sola, que nadie te va a apoyar.
Me da mucha impotencia que no sepan que existe porque realmente hay mucha, mucha crueldad.
Ludmila: –Dicen eso porque no lo viven o no conocen los casos de todas las mujeres que sufren eso.
Hay políticos, como por ejemplo, el presidente de la nación, que niegan que existen los femicidios y la crueldad de género, ¿por qué te parece que dicen eso?
Vero: Cuando escucho eso me da impotencia, más en mi caso, porque yo lo viví. No entintar a donde ir o si deber algún lugar donde me podían llevar, no conocía este medio.
A mí también me da impotencia que piensen así. Lloro por cada una de las chicas como si las conociera de toda la vida. A todas les digo que no están solas, que sí se puede salir.
-¿Qué sentí cuando te enterás de un femicidio?
–Que podría haber sido yo.
De acuerdo a la última información proporcionada por el Observatorio Adriana Zambrano de la vivienda del Encuentro, se produjeron 278intentos de femicidiosen la Argentina. Yo pude y encontrarse casi inmovilizada, me salí, hice un montón de puntear y quiero seguir haciendo más.