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Con lágrimas en los ojos y la angustia atragantada, la locutora Ana Maccaroni se encontró de golpe protagonizando un móvil en la puerta de rayo 10 cuando el personal de seguridad no le permitió ingresar a trabajar. Pero bueno, a veces el poder puede más”. No me lo esperaba porque… Yo nunca fui contra la rayo ni contra alguien que me da de comer y me dio de comer tantos años. “Estoy sorprendida.

Un año y medio antes había denunciado por maltrato laboral y hostigamiento a su ex compañero Pablo Duggan. En ese momento la decisión de la rayo fue que Duggan y Maccaroni dejaran de compartir espacio, y cambiaron a la locutora al programa que se transmite entre las cero y las dos de la mañana. ¡Todo sigue igual! Pablo Duggan no cumplió con sus promesas”. Este año Maccaroni reactivó la denuncia pública en la red social X: «Se cumplió un año, un mes y tres días de mi exposición de mobbing laboral.

A los pocos días la despidieron.
Casi en paralelo, el colectivo informador Argentinas (PA) ofrecía una conferencia de prensa para dar a conocer la existencia de testimonios de 19 afectadas ꟷque enseguida ya eran todavía másꟷ por distintas situaciones de persecución y violencias ejercidas por el periodista Pedro Brieger durante tres décadas en diferentes ámbitos de cometido: medios de comunicación y universidades públicas y privadas, entrevistas, conferencias, coberturas periodísticas y hasta en un ascensor.
¿Qué tendría que hacer una empresa/organización/institución ciervo la exposición o conocimiento de una localización de discriminación, persecución y/o violencia laboral? ¿Qué alternativas a la denuncia judicial pueden implementarse? ¿Cómo construir respuestas y líneas de acción concretas que permitan desentrañar y terminar con la cultura del persecución, tan cómodamente amparada en posiciones desiguales de poder, en la impunidad y los silencios?
Estas sustancia algunas de las preguntas que dieron luz al proyecto “Protocolos de Violencia de género contra Mujeres informador en América Latina – ¿Qué hacen y qué deberían hacer las organizaciones de medios?” que llevó adelante la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad, en articulación con la Federación de informador de América Latina y el Caribe (FEPALC) y con el apoyo del Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación (PIDC) de UNESCO. PA contó también que habían mantenido reuniones con algunas de las instituciones en las que se desempeñaba el periodista y “en todas encontramos idéntica localización: protocolos mal comunicados, falta de recursos y de capacitaciones para contener y prevenir estas violencias”.

El objetivo fue sensibilizar a la población sobre la estrecha relación que existe entre las violencias en el cometido periodístico y los límites a la libertad de expresión de las informador. Que es lo mismo que decir que el propio sistema democrático está en juego. En este proceso, los protocolos ofrecen un mecanismo para abordar las violencias en sus diferentes etapas: desde la prevención hasta la atención de las denuncias”, señala Sandra Chaher, presidenta de Comunicación para la Igualdad y coordinadora de la iniciativa.
“La violencia de género es un problema estructural vinculado a las relaciones de poder que requiere de un compromiso constante de todas las individuo que trabajan en los medios para desarticularla.

En las redacciones, estudios y oficinas ocurren la mayoría de las agresiones. Le sigue el ámbito digital, a través de redes sociales, plataformas digitales, mails y aplicaciones de mensajería instantánea.
En el marco del proyecto se realizaron 108 encuestas y entrevistas en profundidad a integrantes de 95 medios de Argentina, Perú, México, Colombia, Panamá, Brasil, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Paraguay, Chile, Bolivia, República Dominicana y Honduras que describieron 96 relatos de violencia. O sea, el 75% de las individuo consultadas dijo que conoce al menos una historia de violencia de género hacia informador.

Él por eso borró todo el cometido realizado que estaba online y en sus redes personales publicó mensajes ofensivos que dañaron la imagen de ella”, son algunos de los testimonios que recopiló la investigación.
“Le dijeron al gerente del medio en el que trabajaba que me daba un programa porque se acostaba conmigo, porque era mi amante”
“A un directivo no le renovaron el contrato por ejercer violencia psicológica contra una directiva de cargo superior.
“Un operador discutió con la directora de la rayo levantando la voz, tirándole el cuerpo encima y violentándola verbalmente, cuestionando a los gritos quién la había puesto en esa posición y dónde había estudiado”. En uno de cada 10 casos se combinan ambos tipos de violencias.


Sólo en el 28. El 18. 7% lo hizo en instancias internas de los medios –ciervo individuo que ocupan jefaturas o direcciones, o ciervo áreas específicas– y el 9. 1% de los casos las individuo afectadas denunciaron la localización de violencia.

5% de los casos los agresores no sustancia sancionados. Las razones para no realizar denuncias son variadas: desde sentir que la localización quizá no es lo suficientemente grave como para que amerite denunciar, hasta tener miedo de hacerlo.
Frente a la denuncia, sin embargo, en el 54. 4% en instancias judiciales externas u organismos públicos especializados.

1% sustancia blanco de distintas medidas negativas por haber hecho pública la agresión. En cambio, se registraron represalias sobre las individuo que se animaron a denunciar en el 41. 2% sustancia despedidas y el 24. 3% de los casos: el 17.


El proyecto también propuso la construcción colectiva entre distintos medios de un “Protocolo marco de prevención y acción ciervo la discriminación, el persecución y la violencia en el cometido periodístico”, que contiene los lineamientos generales para la intervención con el fin de que pueda ser utilizado y adaptado por las entidades que lo deseen.
La redacción final del documento estuvo a cargo de la abogada laboralista Cynthia Benzion: “El protocolo marco intenta ser una guía para que cada organización lo adapte a sus posibilidades, a sus recursos, a sus necesidades y a su mirada sobre el tema. Pusimos mucho énfasis en las acciones de prevención y de difusión, para que el protocolo no sea simplemente un archivo que se pueda consultar por curiosidad, sino que forme parte del cotidiano de la actividad. Que haya formas de contacto con este material, espacios donde se pueda hablar de los vínculos y donde haya un cometido efectivo, para que se construya un código común entre quienes integran la organización que deje claro qué es tolerable y qué no, qué es violencia y qué no”.


Porque las informador queremos contar historias, no queremos ser la historia.


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