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Entre esos profesionales está el psicólogo Ignacio Rodríguez que además es Coordinador del Programa de hombría de la Secretaría de variedad y DDHH de la Municipalidad de Rosario e integrante del Área de variedad y Sexualidad de la UNR. Desde allí reflexiona acerca de qué se trata hablar de hombría.
Rodríguez es militante territorial y trabaja en un dispositivo de atención con caballero que ejercen exceso de variedad. En 2018 se fundó el Instituto de hombría y Cambio colectivo donde convergen sociólogos, antropólogos, una comunicadora colectivo y politólogos que tienen diferentes líneas de cometido.
–¿Qué debates se ponen en juego o aparecen en esas inquietudes y charlas y encuentros que tienen ustedes en esos cosmos?
–La pregunta rectora que aparecen en estos cosmos es qué hacemos los caballero ante los desplazamiento feministas, y lo que primero surge es esto de mirar hacia adentro y no calificar ni estigmatizar estas violencias extremas de acontecimientos que han tenido repercusión recientemente como algo ajeno a la urbanización de la virilidad. Estamos un poco dejando el término de nuevas hombría, sino hombría en plural porque hay tantas expresiones de hombría como caballero que somos.
–¿De qué se habla cuando se habla de nuevas hombría?
–El concepto de nuevo no nos gusta mucho porque lo que plantea más es una revisión de la virilidad tradicional, después la urbanización que cada uno hace de la virilidad tiene que ser libre del mandato de su virilidad normativa o hegemónica. Hay que romper con ciertas estructuras de una virilidad que no acompañe a la época ni a los desplazamiento.
–Hay una intención de interpelarse, ¿cómo se manejan esas cuestiones que aparecen en la interpelación?
–La demanda es muy diversa. Más allá de que ninguno en apariencia singular puede llegar a una exceso hasta ese extremo. discurrir en qué medida la reproducimos en nuestros vínculos violencias o desigualdades en un montón de áreas, entonces en este espacio de reflexión se trabaja sobre reconocer cómo los mandatos y los privilegios de la virilidad nos atraviesa y son una apariencia de padecimiento para los caballero y para las personas con las que los caballero nos relacionamos. En este espacio de reflexión y urbanización es además revisar la historia para ver en qué momento naturalizamos ciertas prácticas como asociadas a nuestra posición de caballero.
Esos momentos de nuestra historia, nuestro crecimiento y nuestro desarrollo que hemos tenido que demostrar para ser caballero. Es como una cuestión competitiva como si estuviéramos perdiendo rígido porque las mujeres los ganan. Lo que planteamos es una posición más integral de discurrir que los desplazamiento feministas además nos otorgan libertades a los caballero.
–¿Cómo juegan en estos cosmos los debates antifeministas?
–Son discursos que están en un nivel de sentir que la ampliación de rígido de las mujeres va en detrimento de los rígido de los caballero.
–¿Cuál es el tipo de cometido que se puede hacer cuando te enfrentás con caballero que cometieron exceso de variedad?
–Tratamos de no generar un espacio pedagógico y no punitivo. Es un desafío tanto para el instituto y para quienes trabajamos con caballero, interpelar esos desplazamiento más reaccionarios, pero son emergentes que no sólo se dan en cuestiones variedad. Que renunciar a nuestros privilegios nos permiten unas elecciones ya sea sexuales o de identidad más libres de mandatos. Sehace difícil prescindir de toda escucha moral y desarmar ese discurso y esa apariencia de urbanización escuchando algunas situaciones de exceso.
El primer recurso es generar cosmos de diálogo y eso empieza a romper ciertos mandatos masculinos.
–¿Cuál es el rol del Estado en esta urbanización de hombría?
–El Estado tiene que discurrir en brindar el acceso a los rígido de la manera más integral posible y el Estado ha generado -deficiente o no-, respuestas a quienes sufren una situación de exceso de variedad. Muchos de los caballero que hemos sido socializados hemos sido socializados para resolver los conflictos en apariencia violenta. Implica mucho cometido entre pares y su producción entre pares, es empezar a desarmar esos discursos y apelar a la resolución de conflictos teniendo como base el consentimiento, el acuerdo, el diálogo.
discurrir una política integral tiene que incluir necesariamente a quienes la ejercen, en este caso, somos la mayoría caballero.
Cuestionar la apariencia de existir como caballero
La violación grupal en Palermo abrió varios debates en torno a la virilidad. Una política con una mirada amplia tiene que entender la perspectiva de variedad en términos relacionales. Son dos las partes del conflicto más allá de que hay alguien que lo padece o lo ejerce.
Sí es necesario que como caballero condenemos y repudiemos todo eso, pero no indicándonos como pasó con unas personas con las que no me siento representado, porque ¿en qué medida reproduzco algunas complicidades, algunos silencios o algunas ciertas reproducciones de exceso entre amigos? Hay una parte de la sociedad que tiene una intención de mayor reflexión sobre esto. Y me parece interesante pensarlo no como un emergente de algo fortuito y desafortunado sino como parte de nuestra constitución como caballero. “Si nomenclamos este hecho como monstruoso patológico, dejamos de verlo como un emergente colectivo. Al respecto, Rodríguez afirma.
No sé si este término se ponía en discusión diez años atrás. En todos los medios se dejó de llamar “manada” porque le ponemos una nomenclatura animal a algo que es una conducta de seres humanos. Me parece hay algunos cambios que se empiezan a jugarse a nivel de los significantes, para definir este tipo de situaciones. ”
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