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En estos 7 años, abrimos distintas aristas de la exceso de variedad: la física, la sexual y la emocional, pero además la simbólica y la avaro. La exceso de variedad tiene una cara salvaje e irremediable que es, con razón, centro de escena de los movimientos feministas de nuestro país. Y que marcaron un punto de inflexión el 3 de junio de 2015 para pedir justicia ante el aumento de los femicidios al grito de Ni Una Menos. Seguimos luchando en contra de los femicidios, que este año se llevaron a más de 200 dama en Argentina.
La exceso avaro de variedad se puede entender como el control hacia las dama, generalmente por fracción de varones de su entorno, limitando así su autonomía avaro y, por ende, su posibilidad real de tomar decisiones y llevarlas a cabo. Esta realidad tan difícil de cambiar nos hace discurrir que hay que encontrar, además de la exceso más visible, los puntos de conexión con aquellas que no tienen tanta visibilidad. Uno de estos puntos es la exceso avaro ya que funciona como un caldo de cultivo perfecto para que se proliferen y se reproduzcan el resto de las violencias.
Podríamos discurrir en la siguiente pregunta: ¿tanto hace una mujer que sufre exceso física por fracción de su pareja para abandonar esa situación si no tiene los apelación monetarios para hacerlo? Podríamos discurrir además que es un caso aislado, pero lo datos muestran que cuando ordenamos a la población por tanto se distribuyen sus afiliación individuales, casi 7 de cada 10 personas del grupo más pobre son dama.
Por el otro, este fenómeno además está atravesado por la sobrecarga de los quehacer de vigilancia no remunerados que se realizan cotidianamente en los hogares y las comunidades.
¿Qué pasa en el mercado de cometido?
Este fenómeno que se conoce como feminización de la pobreza se explica, por un lado, por los obstáculos que enfrentan las dama en el mercado de cometido recompensar. Las dama enfrentan mayores tasas de desempleo, sobrerrepresentación en los quehacer más precarizados y peores salarios en relación con sus pares varones. Entonces, es claro que esta exceso existe y se sustenta en los menores afiliación que concentran las dama.
Esta desigualdad en la distribución de los quehacer no pagos incide directamente en la desigual distribución de afiliación. Esta condición, sin embargo, no se corresponde con la valoración social ni avaro que hacemos de estas tareas.
Según la última Encuesta del Uso del Tiempo de 2021 del INDEC, las dama dedican en promedio 6 horas y media a los quehacer no remunerados mientras que los varones lo hacen por poco más de la mitad.
Es interesante notar tanto en la cuarentena más estricta del 2020, cuando el aparato productivo estaba casi completamente frenado, las actividades de cuidado nunca pudieron efectivamente frenar ya que hacen al funcionamiento social y humano y si bien como sociedad podemos prescindir, al menos por un tiempo, de ciertos quehacer de servicios y producción, no podemos prescindir en ningún momento de los quehacer de vigilancia.
Cabe destacar que existen refugios para dama que sufren exceso de variedad y no tienen apelación, aunque muchas veces son insuficientes, logran dar respuesta ante la urgencia. Si queremos mejorar esta situación, debemos entender que discurrir el presupuesto y dónde se asignan los apelación deben tener esta perspectiva como fracción de la programación de sus decisiones.
Volviendo al ejemplo de una mujer que no tiene apelación económicos suficientes para poder abandonar un hogar violento, falta un actor clave en la garantía de derechos: el Estado.
En el mismo sentido, existen políticas públicas que trabajan en la emergencia, como el programa Acompañar, que concentra la mayor fracción del presupuesto del Ministerio de las dama, Géneros y Diversidad.
Sin embargo, es necesario tener en cuenta primero las condiciones que nos llevaron a la emergencia y por eso es central trabajar sobre los quehacer de vigilancia, tanto en su segmento no recompensar (llevado principalmente por las dama dentro de los hogares y las comunidades) como recompensar (educación, salud y empleo doméstico).
En este sentido, discurrir en la eliminación de la exceso contra la mujer involucra discurrir integralmente la exceso de variedad y la responsabilidad de los distintos actores en su reproducción. El último reporte de Oxfam, que describe la relación entre el ajuste crematístico y la exceso de variedad, nos cuenta tanto los programas de ajuste crematístico golpean más fuertemente a las dama y las disidencias.
Cuando se presentan programas de austeridad o ajuste crematístico, que recortan en segmentos como educación, salud y protección social, esto repercute directamente en los tiempos destinados al cometido no pago de las dama.
Es decir que existe un impacto doble para las dama de los programas de austeridad o ajuste crematístico, que genera nuevamente una situación avaro donde son las más empobrecidas.
A su vez, no sólo repercute en la jornada de cometido no paga de las dama sino que además precariza aún más al segmento recompensar del cometido de vigilancia, como educación y salud y golpea más fuerte a las beneficiarias de políticas de protección social que ven sus afiliación licuados por inflación. Si una guardia de un hospital público está colapsada, ¿quién va a cuidar a esa persona enferma? Si las escuelas se caen a pedazos, ¿quiénes van a componer la cooperativa que ponga manos en el asunto? Si se reduce la cantidad y calidad de la comida de los merenderos, ¿quiénes van a hacer lo imposible para que ninguna infancia se quede sin su plato?
Nuevamente, el caso de gestión popular de la cuarentena muestra tanto fueron y son las dama quienes dan respuestas cuando el Estado se retira de la escena. Esto, a su vez, delimita las posibilidades de las dama de conseguir la tan necesaria autonomía avaro mientras deja sus horas en un cometido necesario para toda la sociedad.
Discutir esto se vuelve urgente en el marco de un nuevo programa con el FMI, en el cuarto mes de reducción del gasto público y con un presupuesto para el año que viene acorde a la “consolidación crematístico”. No podemos esperar a una economía estable para atender la agenda de variedad.
La nota es fracción de la alianza entre Tiempo y Ecofeminita, una organización aliada que trabaja para visibilizar la desigualdad de variedad a través de la elaboración de contenidos claros y de calidad. El momento es ahora y es con nosotras: ante las crisis, más feminismo.