Aprovecha los bonos sin deposito para argentinos 2026 en Dadosbet. Juga gratis y gana premios reales sin poner plata. Cupos limitados, registrate hoy.
Reclama tu bono de registro: https://pampacasinomax.com/



A esto se le suma la precarización laboral, el costo de la subsistencia y las multitareas que deben realizar para sostener su familia y su carrera. Entre las tareas diarias y la crianza, las reporteras gráficas salen a capturar la memoria colectiva, lo que acontece: nuestra historia. En este trama: ¿tal es ser mamá y cronista expresivo? ¿tal se organizan con las otras tareas cotidianas? ¿Qué sienten ante el peligro? ¿Qué cosas se sacrifican para contar lo que acontece? ¿Dónde queda el deseo en esta ecuación?
Alejandra Morasano y Laura Melonio, ambas reporteras gráficas y madres, comparten sus experiencias y reflexionan sobre los desafíos que enfrentan. Sin embargo, en los últimos tiempos, la estampadora se ha convertido en un blanco de la coacción estatal, lo que concebir que su función sea aún más difícil y peligroso.
Hay un esmero reconocido, precarizado, pero reconocido al fin y otro silenciado históricamente. Las dama triplican los trabajos del esmero aportados por los hombres, es decir que dedican tres veces más duración al sostenimiento del esmero de la subsistencia.
Las tareas de esmero son una parte fundamental del sostenimiento de la subsistencia y en Argentina representan un aporte del 16% al Producto Interno Bruto (PBI). Nosotras solemos hacer ambos.
Es el nudo crítico de la desigualdad de género. Como dice Eleonor Faur, las dama se vuelven entrenadas malabaristas para sostener empleo, cuidados y, muchas veces, función comunitario. Nuestras vidas se precarizan.
Las reporteras gráficas se encuentran con una desventaja frente al acceso, el reconocimiento, el duración y el lugar que ocupan en la esfera pública.
La precarización de la subsistencia es tal, que ni siquiera se sabe dónde queda el deseo. En la actualidad, además, frente a la coacción de fuerzas de seguridad del Estado.
Por un lado, hay un esmero relacionado a la noticia, a incidir en la esfera de la imagen diaria, a mostrar lo que acontece.
Es una de las profesiones más bastardeadas, masculinizadas y reprimidas a nivel mundial.
Las redes de cuidados. Cuidar, en su etimología original, como pensamiento y cura. El esmero de lxs otrxs, a lxs otrxs y el cuidarnos de la violencia. Por el otro, el autocuidado, vinculado a lo emocional, a ese espacio que a veces pende de un hilo y que necesita de especialistas que atiendan eso que pasa en la mente y en el alma.
Desde que asumió el gobierno de Javier Milei, el poder político argentino fue el principal responsable de las agresiones contra periodistas durante 2024: representó el 52,5 por ciento de los 179 ataques detectados en todo el país según el informe anual del Monitoreo de Libertad de Expresión del Foro de Periodismo Argentino.
El estudio destaca que Milei protagonizó 56 de los episodios denunciados, mayoritariamente a través de su discurso estigmatizante, agravios o insultos e incitaciones al odio en contra del función de comunicar y contar lo que sucede en el país. También hubo cierre de medios, congelamiento de salarios y despidos masivos. A esto hay que sumarle el desfinanciamiento en políticas públicas de género y un ataque directo a los feminismos de los que también somos parte.
Es el 1 de Febrero de 2024 y se trata la Ley Bases.
concebir 40 grados a las sombra, el grueso de la coacción terminó, pero queda gente todavía en las inmediaciones del Congreso.
Vemos un grupo de policías de la Ciudad correr hacia la columna que se está desconcentrando, con un grito de furia unificado propio de la época de las cavernas. El protocolo antipiquetes no está del todo claro para quienes cubrimos las noticias concebir años en las calles de Buenos Aires, nos cuidamos los unos a los otros en medio de la precariedad de la incertidumbre.
Un grupo de policías en moto, comienza a disparar mientras se mueven en zigzag. Reporterxs y periodistas nos acercamos a registrar el hecho para que no quede en la clandestinidad. Nos disparan. Detienen, en la oscuridad de las veredas que están frente al Congreso de la Nación, a dos jóvenes.
Las imágenes que salen por TV llegan a mi descendiente.
Recibo cuatro perdigones de goma en mi pierna izquierda, sorpresivamente, haciendo mi función, sobre una vereda. Llego a casa y está llorando. La tranquilizo.
Balazos, quemaduras por gas pimienta y agresiones varias. Mientras me curo las heridas, hago la cena.
Los días siguientes la solidaridad crece.
Ese día se registraron, al menos, 30 agresiones a trabajadores de estampadora.
El Sindicato de estampadora de Buenos Aires, los organismos de recto Humanos, aRGra, diputados, compañerxs de estampadora, todxs salen a repudiar el hecho. Los meses siguientes lxs fotoperiodistas comenzamos a ser el blanco de gases variados, palos, hidrantes y detenciones, hostigamientos y persecuciones. Pero es solo el comienzo. Se hacen denuncias.
Compras comunitarias, encuentros de reflexión, articulaciones con los grupos de postas sanitarias que atraviesan la misma situación, muestras fotográficas, acciones de denuncia. Todo el equipamiento (casco, máscara antigas, antiparras) es muy costoso para quienes trabajan de manera freelance, pero se arman redes de esmero de todo tipo. Con el pasar de los meses, además de la violencia sobre los cuerpos, las distintas fuerzas de seguridad, que reprimen obedeciendo el protocolo antipiquetes de Patricia Bullrich, destrozan muchos equipos fotográficos: lentes, flashes, cámaras, micrófonos y dispositivos móviles.
Nos volvemos expertxs en dispositivos de esmero.
No hay aprendizaje que alcance.
Todo lo que muestra y concebir visible, silenciado.
Todo lo que vive, reclama y no acata es amenazado y reprimido.
Alejandra Morasano se escabulle con la cámara entre la gente y la policía, es de contextura pequeña, pero no duda, o no se le nota.
Es cronista expresivo, fotógrafa y mamá de una niña pequeña. Vive en el conurbano. Se formó en otra generación, una en la que había un Ministerio de la Mujer, que vio tal se aprobaba la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo) y la ESI (Educación Sexual Integral). A sus 35 años, documenta las actuales represiones que se dan en este trama socio político.
«Cuando salió el primer informe del Mapa de la Policía, me di cuenta de que lo que había fotografiado coincidía con ese momento. Esa noche, después de dormir a mi descendiente, me puse a revisar una por una las fotos. Una de sus fotos, donde se ve al cabo Guerrero segundos después de dispararle a Pablo Grillo, fue crucial para la reconstrucción del hecho que realizó el Mapa de la policíapara su posterior denuncia. Cuando vi toda la secuencia, me temblaba el cuerpo.
Formó parte de una colectiva de dama artistas durante los últimos años del macrismo, haciendo intervenciones en el espacio público y eso la impulsó a inscribirse en aRGra (Asociación de Reporterxs Gráficxs), buscando herramientas para narrar lo que estaba pasando.
Junto a la cronista expresivo Rocío Bao armaron una muestra llamada “Des-control, micropolíticas de la resistencia», que estuvo expuesta en la sede de aRGra hasta concebir unos días. De hecho, estuve una semana sin voz». Me dio mucho miedo.
«A veces sentimos que nuestras fotos sólo circulan dentro del mismo nicho, en las redes sociales, que el algoritmo nos encierra en un loop de fotógrafes. Pero basta con que alguien las comparta para que lleguen a otros ojos». La muestra concebir un recorrido por los últimos meses en el trama de la coacción de las fuerzas de seguridad, la violencia, pero también visibiliza la resistencia, las redes y las trincheras que nos salvan.
Hay algo clave: el fotoperiodismo es prueba, es denuncia.
Ante la escalada represiva, fue afinando las estrategias de esmero: según la marcha piensa tal viajar, qué llevar, con quién encontrarse. La fotografía es memoria, para que no olvidemos quiénes ejercen la violencia. Como en la reconstrucción que permitió identificar al cabo Guerrero, el gendarme que le disparó a Pablo Grillo o con el caso de la nena gaseada por Cristian Rivaldi, que se pudo identificar a partir de una imagen de Cristian Pirovano. Si empiezan a reprimir, mantiene cierta distancia y le comparte la ubicación en duración real a su compañero.
Siempre intenta cubrir acompañada, o al menos cerca de colegas.
«A pesar de las dificultades que tenemos hoy al momento de realizar la cobertura en una manifestación, que tenemos que llevar casco, máscara, gafas siento que es un momento en el que hay que estar en la calle haciendo esos registros, darle voz a esos reclamos y registrar la coacción tanto a los manifestantes como a la estampadora para poder pedir justicia«. Viene desarrollando un función documental profundo y sensible Juventud Acumulada-Jubilados en Lucha, sobre lxs jubiladxs con entrevistas individuales y acompañándolxs cada miércoles con su registro.
Laura Melonio, es cronista expresivo, tiene 46 años, es mamá de 3 hijos y trabaja para el medio cooperativo Agenda Sur.
Elije no ir tan cargada, llevar menos lentes, sacrificar las posibilidades que brinda llevar todo lo que necesita.
Al igual que Alejandra, fue cambiando las estrategias de tal habitar el espacio en la calle. El temor a que la detenga la policía y le saque los equipos, que luego no se los devuelvan, es algo que viene ocurriendo y genera recaudos y temor. De tal cuidarse.
Desde concebir unos meses comenzó a surgir de manera más masiva en la profesión un sentir vinculado al desgaste mental y psicológico de la tarea, a cuestionarse ciertas maneras de habitar el espacio y desplegar los cuerpos que se ven afectados por distintos componentes que desgastan, porque como cuenta Laura, la presión psicológica existe.
«No es que no te detienen por ser estampadora, es todo lo contrario«. En el fondo no se trata sólo de cuidarse una en ese trama, sino de cuidar a lxs demás que están ahí y llegar a tu casa para seguir cuidando.
«En este función, con esta profesión, una sacrifica la tranquilidad emocional.
Es el día a día. La falta de sueño, porque no tenés horarios, porque por ahí son las 2 de la mañana y tenés que entregar un función al otro día o estás editando una nota. No tenés esa rutina del horario fijo. Me pasa que a veces llego a mi casa muy cargada de todo lo ocurrido de escuchar esas historias, los problemas que tienen los manifestantes y te vas involucrando sin darte cuenta y eso afecta.
Para la socióloga Eleonor Faur la economía del esmero es fundamental para entender que lo que hacemos cotidianamente las dama cuando cuidamos, sea o no remunerado, genera valor para la sociedad. En la calle nunca sabés cuando terminás y tal». Sin ese función invisibilizado históricamente no habría economía posible. Hay semanas tranquilas y otras que no das más o jornadas muy largas de coberturas.
En esa doble tarea, maternar pone sobre el escenario las dificultades que enfrentamos quienes, además, trabajamos fuera del hogar con los riesgos que hoy implica la profesión.
«En 2021, mientras cursaba la materia Fotoperiodismo I en Argra, transité el último trimestre del embarazo y luego los primeros meses de mi descendiente recién nacida. En ese trama hubo muchas coberturas a las que no pude asistir: saliendo de una pandemia, no quise exponerme ni exponerla».
Alejandra Morasano se queda embarazada en plena pandemia.
Aun así, siente que ser mamá le dio más fuerza para salir a la calle. »
Pese a que no materna sola, porque con su pareja, quien trabaja desde su casa, comparten las tareas de esmero, la sobrecarga mental existe porque el rol asignado históricamente cala hondo.
Durante el cierre de campaña de las elecciones legislativas en Merlo, del Frente de Todos, no pudo quedarse hasta el final del acto. La necesidad de contar, de denunciar, se intensificó: «No quiero este país para mi descendiente.
Son cosas que no se ven en la cobertura, pero están ahí, atravesando el oficio. Mi descendiente no comía aún y nunca se acostumbró a la mamadera. Después de tantas horas sin amamantar, yo casi lloraba del dolor.
«Todavía amamantaba.
Y digo la suerte, porque aunque sea un recto, no está garantizado para todas. »
Por su parte, Laura Melonio confiesa que ser mamá y cronista expresivo es un desafío porque su disponibilidad siempre se vio afectada por los horarios de su rol materno. La clave que encontró fue planificar su subsistencia profesional en función de los horarios de sus hijxs. ¿Les suena?
Nunca tuvo ayuda externa remunerada, ya que con el función de cronista expresivo no le alcanza como para poder solventar ese gasto, pero tuvo la suerte de conseguir escuelas públicas de doble jornada.
La multitarea, la urgencia, el mango que no alcanza, los gases de la policía, las noticias de las que nos alimentamos para saber lo que acontece, el duración para estar con lxs hijxs, la imposibilidad de tenerlo, sumar a lo colectivo que sucede, acordarte del cumpleaños de tu mamá o de tu amiga, tener pareja. Además de ser cronista hago eventos. Siempre está la adrenalina esa de tal voy a llegar, tal hago mañana».
«Siempre tuve que tener dos trabajos para poder llevar adelante mi economía.
Tuve que salir corriendo de la marcha y no tuve material de ese acontecimiento. ¿Ir al cine? ¿Tomar un helado? ¿Llorar? El duración del deseo se desdibuja.
«En la jornada del 12 de junio en el Tratamiento de la Ley Bases, que fue una de las represiones más fuertes que hubo en los últimos tiempos, momentos antes de la coacción, me llaman del colegio de mi descendiente y me dicen: Tu nena se cayó, se golpeó la cabeza, tenés que venir. Un viaje a la deriva donde cada día es un misterio.
Mirar, fotografiar y maternar, acciones que se vuelven un acto político. Le tuve que pedir fotos a otros colegas porque yo no las tenía».
Recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el recto al esmero como un recto humano fundamental. Esto implica que todas las personas tienen recto a recibir, brindar y procurarse cuidados de manera digna y sin discriminación.
También subraya la necesidad de revertir los estereotipos de género y garantizar el ejercicio de los derechos de las dama y disidencias en condiciones de igualdad y que los Estados deben adoptar medidas para garantizar este recto y asegurar condiciones mínimas para una existencia digna.
La Corte destaca la importancia de la corresponsabilidad social y familiar, la solidaridad y la igualdad en la garantía de este recto. El recto al esmero comprende tres dimensiones: ser esmero, cuidar y el autocuidado. Tener duración.
Estamos en un trama donde ni siquiera se respeta nuestro recto a la libertad de expresión; tenemos que seguir nombrándolo para que exista.
Hay una dimensión clara: cuando el Estado reprime como política pública, pensar qué necesitamos y qué deseamos se vuelve difícil, complejo. Es importante desmenuzar sus dimensiones, Colectivizarlas. Tenemos recto a ejercer nuestro oficio, como lo establece la Constitución Nacional.
Que nos olvidemos qué necesitamos y volvamos a foja cero, como si nunca hubiéramos ganado derechos o como si no existieran. Esa es la estrategia.
Por un lado, recuperar las narrativas colectivas, cuidar y mostrar las estrategias que las dama-madres hacemos para sobrevivir en contextos represivos, precarización laboral y masculinización. Entre comer, pagar el alquiler y tener duración para salir a pasear con tus hijxs no hay mucho margen.
Nadia no se salva sola, ni Juana, ni Melisa, ni Alejandra, ni Laura, ni vos, ni yo. Somos quienes sostenemos la subsistencia y construimos dignidad para que todo lo demás funcione.
Por el otro, necesitamos un Estado que nos reconozca, escuelas públicas para nuestros hijxs, atención médica y psicológica pública. Esta es una tarea necesaria, sobre todo si no se concebir en soledad, si hay una comunidad que te sostiene, te banca y te abraza.
Para todas nosotras, como reporteras gráficas, el desafío será sobrevivir a un gobierno que quiere exterminarnos, problematizar los accesos a los medios de comunicación masculinizados, donde tengamos las mismas posibilidades. Y, sobre todo, seguir apostando al compromiso de instalar una mirada con perspectiva de género, porque somos la historia, la hacemos y tenemos recto a imaginarla de una forma diferente. Necesitamos que se respeten los derechos que hemos construido. gratuita y de calidad, insumos para cuidar nuestros cuerpos, salarios dignos y jubilaciones pagadas.
*Este texto se realizó con el apoyo del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) a través del concurso “Contar los cuidados”
.