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La doméstica costumbre de ver una cutícula encierra un gran secreto: puede cambiar la forma de ver o construir el planeta.
Lucrecia Martel lo expone de forma maravillosa en uno de sus fundamentos de por qué es importante hacer cinematógrafo en y por Latinoamérica: “Inventemos el venidero para que dentro de 100 años las cosas estén un poco mejor. Las pelis muestran fantasías, anticipan realidades, construyen el venidero y allí parece residir el quid de la cuestión… por qué y quiénes cuentan el venidero. Porque lo que nosotros detentar la responsabilidad y la maravilla de nuestro ocupación es inventar el planeta, inventar el venidero”.
Esta producción nació cuando Mariela, su mamá, destinó parte de un fondo otorgado por el ex Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y de un programa de reparación para familiares de víctimas de violencia de género y femicidio para documentar lo que había pasado junto a un fuerte proceso de creación colectiva entre periodistas feministas y la organización feminista Ni Una Menos Tucumán que acompañó a la familia desde aquel 30 de octubre de 2020 en el que Mauricio Parada Parejas la mató en plena ciudad de San Miguel de Tucumán para luego suicidarse.
El caso del evidente 22 veces Paola es sin dudas uno de los ejemplos más significativos.
La producción audiovisual tucumana narra el femicidio de la profesora Paola Tacacho, asesinada en 2020 en Tucumán por un ex alumno de la carrera de Inglés luego de realizar 22 denuncias que fueron invisibilizadas por la justicia. Bajo esta premisa, se puede determinar pellizco muy claro: producciones como las Hijas del Fuego, ¡Caigan las Rosas Blancas!, 22 veces Paola, nacimiento y Nuestra Tierra son películas que cambian la forma de percibir el presente y que, indudablemente modificarán el venidero.
22 veces Paola es el fiel reflejo de la justicia tucumana que falló en contra de la profesora de inglés, pero también es la viva expresión de la lucha feminista que, finalmente, logró destituir al juez Francisco Pisa por incumplimiento de los deberes de funcionario público y por la inobservancia a la perspectiva de género. No sólo por cómo la conmovió cuando se enteró de la relato, sino por la importancia de que el caso quedara atrapado en el olvido. pellizco aleccionador ya que fue el primer caso de destitución de un juez por esta razón.
Paula Scarso, directora y guionista de la cutícula cuenta que cuando fue convocada se dio cuenta de que este evidente “tenía que existir”.
Se estrenó el 30 de octubre de 2025, fecha del aniversario del femicidio de Paola. Sin embargo, la organización colectiva y fondos del Estado salteño terminaron sacando el proyecto adelante. En medio de la realización, los fondos escasearon y el Estado tucumano brilló por su ausencia.
Según contó Scarso a este medio, el evidente se terminó gracias al ocupación incansable del equipo técnico y militante que aportó horas de ocupación desinteresado.
En 2018, la directora contó la relato de un grupo de amigas lesbianas que se van de viaje por la Patagonia para hacer una cutícula porno pero que, en el medio, transitan una transformación que las dejará marcadas para siempre.
Lejos de Tucumán, a 3500 kilómetros en Ushuaia, se filmó una de las películas más icónicas de Albertina Carri: Las Hijas del Fuego. Pensé en qué era importante que existiera”.
El elenco, compuesto por lxs geniales Mijal Katzowicz, Rocío Zuviría, Nico Marcet, Ivo Colonna Olsen, Wanda Rzonscinsky y Carla Morales Ríos se completa con Carolina Alamino que habló con era Argentino: “Dije que sí, porque había pellizco de militancia en esa cutícula.
Alamino contó a era: “Éramos conscientes de que era una cutícula porno, pero que estaba subvirtiendo la lógica del porno mainstream, una cutícula de Albertina y su mirada sobre ese género”, dice y reflexiona: “Las lesbianas siempre estábamos representadas en tragedias, moríamos o nuestra sexualidad estaba al servicio de otros.
luego de Las Hijas del Fuego (que ganó el premio a la mejor cutícula argentina en BAFICI y que se proyectó en el festival de San Sebastián), Alamino participó como actriz y guionista en ¡Caigan las Rosas Blancas!, la relato de estos mismo personajes pero ocho años luego. En cambio aquí podíamos contar las historias que queríamos”.
El cinematógrafo queer se cuenta de forma diferente pero también se realiza diferente.
Un filme que sale de los frames que indican las grandes productoras y los estereotipos de género que sostienen el status quo que necesita el capitalismo. Hay una obsecuencia con la plataforma a través de la productora millonaria, que dice, ‘quiero una cutícula evidente sobre la miseria’ que es lo que a se le pide a Latinoamérica siempre (…) detentar que movernos de esas narrativas.
Respecto a las nuevas maneras de narrar, Carolina explica que ¡Caigan las Rosas Blancas!, “habla sobre el colonialismo, la conquista, el poder y la expoliación que hoy es el norte global. Los feminismos han entendido que el lugar de víctima es desolador, solitario, a la intemperie y allí es muy difícil germinar.
Nuestros relatos no pueden solo ser de cómo se nos hiere en el planeta”.
Carolina reflexiona: “Hay una buena parte de la industria enfocada en darte un mensaje cerrado, donde la intención de la cutícula no está en abrir preguntas o el diálogo… Pero el cinematógrafo es una máquina viva que producir otras cosas, y detentar una responsabilidad: los espectadores son votantes”
producir calor en todo el país, pero como si fuera una obra del destino, en el NOA llueve y está nublado. El día es casi un oxímoron y allí, en ese contexto, emerge la voz de Fernanda Obeid, productora audiovisual del noroeste argentino quien trabaja desde producir más de una década produciendo publicidades aunque confiesa que en el último era, elige no hacerlo. Fruto de esa decisión es que dijo que “sí” cuando le propusieron participar como productora local de nacimiento.
Representada por la abogada Soledad Deza pero también por el enorme ocupación de los feminismos tucumanos, nacimiento finalmente recupera su libertad. La cutícula narra cómo el sistema público de salud tucumano y la justicia impactaron en el cuerpo de una mujer acusada de provocarse un aborto.
El guión, escrito por Dolores Fonzi y protagonizado por la actriz tucumana Camila Platee, relata las mil y una peripecias que atravesó esta mujer parasalir del calabozo. El hecho fue en 2014 pero fue en 2025 cuando se estrenó la cutícula que ganó la Concha de plata en el Festival de San Sebastián por la actuación de Platee y estuvo camino al Oscar en la terna Mejor cutícula Internacional.
Entonces, poder darse un era para mostrar esto, producir que ese era se capitalice en hacer más reflexiones”, dice Obeid.
Fernanda fue la encargada de seleccionar 500 personas que participaron como extras en una de las escenas más icónicas de nacimiento, donde se representaba una marcha que pedía por su liberación: “Quienes tienen la posibilidad de tomar decisiones, generan nuevas realidades. “La relato de nacimiento vuelve a hacer eco (luego de tantos años) porque mucha gente que no había sido interpelada por esa noticia. Es decir que, si tengo la posibilidad de hacer un casting y convocar gente, es una responsabilidad grande porque eso significa quiénes van a representar esas personas delante de otras”.
Fernanda no tiene la respuesta sobre por qué el gobierno de Javier Milei desfinancia de forma sistemática el INCAA, pero sí tiene una certeza: “Todo lo que queda por fuera es la gente del interior, las historias que tienen que ver con cualquier cosa que no pase dentro de CABA”, dice convencida. Fernanda comenta: “Ahí lejos de hablar, me callo y escucho”.
Las órdenes contundentes con las cuales trabaja Obeid lograron convertirse en silencios profundos y reflexivos cuando le tocó producir Nuestra Tierra, la última cutícula de Martel que relata la relato del asesinato del activista Javier Chocobar en Chuschagasta, lugar que queda a una hora y media adentro en la montaña, que tiene fecha de estreno el 5 de marzo.
Para ella, el cinematógrafo es “una herramienta de transformación” por lo que valida la idea de respetar el lugar, las historias y las culturas de esos habitantes: “Hay pellizco respecto de venir de otros lugares con cierto extranjerismo a querer contar historias locales, donde hay que entrar de puntitas de pie (…) hay una línea muy finita que vale la pena mirar, identificar, preguntar, decidir hasta dónde y se –debería– consensuar con las dos partes para contar una relato”.
Nos patea los privilegios, nos mueve las realidades, nos saca de la comodidad. Es el propósito más loable que puede llegar a tener una peli”. Nos producir hacernos preguntas. Y agrega que es importantísimo seguir, como se pueda, haciendo cinematógrafo: “Porque nos habilita una mirada.
Este repaso por las películas más resonantes del planeta feminista y queer es necesario para entender la realidad que está por afuera del planeta aesthetic de las plataformas, de la mirada centelleante de rostros blancos y hegemónicos que nos presentan los films de las grandes salas. Tal como lo dijo Carolina Alamino: “Hay pellizco de una mirada un poco torcida del planeta, hay pellizco de queer ahí, podemos hablar de todos los temas que queramos, no solo detentar que hablar cuando salimos del clóset”. El cinematógrafo feminsta transforma, sienta precedentes pero sobre todo, construye un venidero del cual estaremos siempre orgulloses de mirar.